Planetas en crecimiento junto a la estrella
más pequeña
En
la creciente marabunta de planetas que orbitan estrellas
lejanas , los científicos ya han identificado planetas
gigantescos con muchas veces más masa que Júpiter,
calientes planetas rojos que zumban en la mismísima
sombra de su estrella, planetas que orbitan estrellas de
neutrones, y hasta planetas que flotan libres por el espacio,
sin asociación a ninguna estrella. En un artículo
que se publicará en el número del 10 de febrero
de Astrophysical Journal Letters , los científicos
nos presentan al último miembro de este club tan
ecléctico: planetas que orbitan alrededor de estrellas
que apenas tienen más masa que el propio planeta.
Para hacer este descubrimiento, un equipo de astrónomos
guiados por Kevin Luhman, del Harvard Smithsonian Center
for Astrophysics (Centro Smithsoniano Harvard para la Astrofísica)
apuntaron el telescopio espacial Spitzer a una pequeña
enana marrón conocida como OTS 44, a unos 500 años
luz de distancia, en la constelación Camaleón.
OTS 44 es tan pequeña que podría clasificarse
como planeta. Con sólo 15 veces la masa de Júpiter,
está cerca del límite inferior de masa de
los objetos clasificados como enanas marrones.
Luhman y sus colegas observaron
OTS 44 durante unos breves 20 segundos, usando la Formación
de Cámaras Infrarrojas del Spitzer (IRAC, Infrared
Array Camera). No necesitaban más. Había claras
evidencias en los datos espectroscópicos de un exceso
de radiación infrarroja que manaba de la enana marrón.
Y esto, -los astrónomos lo saben desde hace mucho
tiempo- es un indicio claro de la presencia de un disco
protoplanetario -una nube de gas y polvo que gira alrededor
de estrellas jóvenes que puede provocar la formación
de un sistema planetario. Este disco absorbe el calor de
su estrella y la radia hacia fuera en el rango infrarrojo,
haciendo fácil su detección por instrumentos
muy sensibles, como el Spitzer.
Aunque la presencia de un disco protoplanetario no es, en
sí misma, una prueba de que OTS 44 posea un sistema
planetario, el disco contiene materia suficiente para formar
varios planetas. “Esta enana marrón y su disco podrían
evolucionar y convertirse al final en una versión
en miniatura de nuestro sistema solar”, ha dicho Luhman.
“Podría haber una multitud de sistemas solares en
miniatura ahí fuera, en los que los planetas orbitan
enanas marrones”, ha añadido.
Las posibilidades son fascinantes.
¿Puede un planeta que orbita una enana marrón
engendrar y mantener la vida? Según Luhman y sus
colaboradores, no puede descartarse. Una enana marrón
es mucho más fría que nuestro sol, y, como
es demasiado pequeña para que se inicien en su núcleo
las reacciones nucleares, se enfría poco a poco durante
su periodo vital. Por tanto, para que el agua se mantenga
en estado líquido, un planeta debería orbitar
mucho más cerca de esta estrella de lo que lo hace
la Tierra. Además, hace notar Luhman, “si la vida
existe en ese sistema, tendría que estar adaptándose
continuamente a la menguante temperatura de la enana marrón.
Sin embargo, no puede desecharse la posibilidad de que,
puesto que la estrella se enfría lentamente mientras
envejece, un planeta pueda permanecer en la “zona habitable”
que permite el estado líquido del agua durante un
periodo de tiempo extenso, quizá lo suficiente para
que la vida evolucione.
Por supuesto, todo esto es pura especulación, admite
Luhman inmediatamente. Pero, al menos, la posibilidad de
que haya un sistema planetario alrededor de una enana marrón
que apenas es más masiva que un planeta es otra adición
sorprendente al creciente y ecléctico club de los
planetas extrasolares .
TEXTO EXTRAIDO DE:
http://ciencia.astroseti.org/planetary/articulo.php?num=2318
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