Los milagros de Juan
Pablo II
El
pasado viernes 30 de Marzo, durante el funeral en la Plaza
de San Pedro, decenas de miles de asistentes clamaron por
una inmediata canonización de Karol Wojtyla y, así,
el "Santo, ya", se leyó en pancartas y
se escuchó coreado masivamente por los fieles.
El clima
es favorable a que una causa para la beatificación
de Juan Pablo II pueda abrirse, aunque el proceso no es
fácil y cuenta con algunas limitaciones legales,
a diferencia de lo que ocurría en otros tiempos,
cuando la aclamación popular servía para ser
elevado a la gloria de los altares. El camino hacia la santidad
tiene varios escalones que es preciso recorrer, de manera
que primero hay que ser considerado venerable siervo de
Dios, después beato y finalmente santo.
Venerable siervo de Dios es el reconocimiento
que se da a una persona muerta de que en vida ha tenido
una existencia virtuosa. En ese sentido Juan Pablo II cuenta
con todos los pronunciamientos, dado el nivel de respaldo
con que ha contado, tanto en la jerarquía eclesiástica
como entre los fieles, de lo que dan testimonio especialmente
las grandes muestras de afecto de estas últimas semanas.
Sin embargo, para ser beatificado es preciso que hayan pasado
cinco años desde la muerte. Eso obligaría
a esperar al menos hasta 2010 para empezar la eventual causa
de beatificación de Juan Pablo II, pero el Derecho
Canónico permite que el Pontífice emita una
orden especial para anticipar ese plazo. El propio Wojtyla
recurrió a esa posibilidad en el caso de la Madre
Teresa de Calcuta, fallecida en 1997, ya que con una dispensa
especial el proceso empezó al año siguiente
y culminó con la beatificación de la religiosa
en 2003.
Por eso el portavoz de la Santa Sede, Joaquín
Navarro Valls dejó claro que la hipotética
apertura del proceso de beatificación de Juan Pablo
II es un tema de exclusiva competencia del próximo
Papa. "En estos días ha
habido muchas preguntas en relación con ese tema,
y la respuesta es la que he dado. Cualquier otra evaluación
está fuera de lugar. Repito, la competencia es, sólo
y exclusivamente, del nuevo Pontífice",
indicó Navarro.
Otro elemento importante es que para ser
beato es necesario que se haya demostrado su intercesión
en un milagro, pero sólo después de muerto.
De este modo, los numerosos testimonios de presuntos milagros
hechos en vida por Juan Pablo II no tienen valor para ese
expediente y sólo lo tendrán los que aparezcan
a partir de ahora. A este ambiente se ha unido, por ejemplo,
el cardenal Francesco Marchisano que ayer, durante una misa
en San Pedro, dijo que una caricia de Juan Pablo II en su
cuello le hizo volver a hablar. Marchisano había
sido operado en la carótida y un error de los médicos
le había dejado con las cuerdas vocales maltrechas
y con un hilo de voz, problema resuelto después de
que Wojtyla le acariciara la garganta y le dijera que rezaría
por él.
El cardenal celebró misa junto al
histórico secretario del Papa, el arzobispo polaco
Stanislao Dziwisz, que hoy aparece en "La Stampa"
con el relato de la curación de un estadounidense,
que padecía un tumor en el cerebro y que sanó
después de una misa privada con el Papa, que le dio
la comunión a pesar de ser de religión hebrea.
En diversos medios, como El País, se han mencionado
otros milagros realizados por Juan Pablo como la curación
de una señora ciega que recuperó la vista
después de ser tocada por el Papa y la sanación
de un joven de México que tenía un tumor y
que se curó tras ser besado por el Pontífice.
Es cierto que la publicación en un informe de estos
y otros casos tendrá el valor de ser un homenaje
al Papa polaco y contribuirá a darle aún más
"fama de santidad" que siempre es importante
en el inicio de un proceso de beatificación. Una
vez beatificado se puede abrir la causa de canonización,
que lleva a la condición de santo, para lo cual es
necesario un segundo milagro, que ha de ocurrir después
de ser proclamado beato.
FUENTE: 20MINUTOS.ES
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