Me despierto llorando
Todavía me despierto llorando. No es posible imaginar lo que ocurría allí si no se ha vivido, dice Escribano, que pasó 5 años en Mauthausen
Félix Pablo
Escribano (Ávila, 1917) tenía 23 años
cuando llegó a Mauthausen, el 24 de agosto de 1940,
en la segunda expedición de españoles que
ingresó en el campo. Estuvo allí hasta la
liberación, el 5 de mayo de 1945. En su drillich
(el traje a rayas de los prisioneros) llevaba el triángulo
azul de los apátridas y el número que fue
su única identificación en el campo de exterminio:
4.143. Vive en París desde el final de la guerra
y sólo ha regresado una vez a España, para
asistir a una boda. A algunos miembros de su familia no
los ve desde 1939.
¿En
qué comandos de trabajo estuvo durante los cinco
años?
Comencé en la cantera. Al principio casi todos estábamos
allí, porque había que sacar piedra para que
terminaran el campo. Cuando llegamos nosotros aún
no estaba terminado. Después estuve en limpieza,
y en la cocina fue donde permanecí mas tiempo.
¿Esa
estancia en la cocina, que le permitiría comer mejor,
salvó su vida?
Sí, claro, aunque la comida teníamos que robarla.
Cualquier cosa era mejor que la cantera. Trabajar allí
era como estar en el infierno, porque había que subir
aquellos 186 peldaños cargados con piedras y con
unas pantuflas como único calzado. Siempre recordaré
el ruido y los gritos de los prisioneros.
¿Cuántas
veces temió que no iba a llegar al día siguiente?
Al entrar en el campo ya te decían que estabas condenado
a muerte. Luego, cada noche te acostabas con el temor por
lo que te esperaría por la mañana.
¿El
recuerdo de aquellos años le suscita aún temor?
Hay días que me pregunto si de verdad estuve allí
y pude sobrevivir. Recuerdo la cantera, y el olor a carne
quemada que salía del crematorio. A veces todavía
me despierto a media noche, y estoy llorando. Lo que yo
he visto allí no puede ni imaginarse. Nadie puede
imaginarse lo que ocurrió en el aquel campo si no
lo ha vivido.
¿Sufrió
algún castigo especial?
Una vez un oficial de las SS detectó que faltaba
mantequilla. Nos reunió a todos los de la cocina
para preguntar quién había sido. Nadie respondió,
y nos castigó a todos con 25 golpes.
¿Qué
siente por Alemania y los alemanes?
He pasado por Alemania para ir a Rusia y a Checoslovaquia,
pero nunca me he detenido; no he querido hacerlo. Miro a
los alemanes como si fueran mis enemigos.
¿También
a los jóvenes de 30 años?
Sí. Mientras viva y mi cabeza esté en condiciones,
no olvidaré lo que los alemanes hicieron.
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FUENTES:
· canales.laverdad.es
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