Noche de San Juan II
Las fechas mencionadas son las típicas, pero puede ser que en un año determinado caiga un día antes o después, debido a las irregularidades del calendario gregoriano, como los años bisiestos.
En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba
"puertas" y, en parte, no les faltaba razón.
La "puerta de
los hombres", según estas creencias helénicas,
correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22
de junio) a diferencia de la "puerta
de los dioses" del solsticio de invierno (del
21 al 22 de diciembre).
Tiempo habrá para hablar de este
último solsticio y de todos los ritos que se asocian
a la Navidad.
Ahora nos centraremos en la Noche de San
Juan, una fecha en la que no faltan las leyendas fantásticas
y aquí les relataremos algunas de ellas ya que son
innumerables, pero todas ellas son unánimes al decir
que es un período en el que se abren de par en par
las invisibles puertas del "otro lado del espejo":
se permite el acceso a grutas, castillos y palacios encantados;
se liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras,
las princesas y las infantas cautivas merced a un embrujo,
ensalmo o maldición; braman los cuélebres
(dragones) y vuelan los "caballucos del diablo";
salen a dar un vespertino paseo a la luz de la Luna seres
femeninos misteriosos en torno a sus infranqueables moradas;
afloran enjambres de raros espíritus duendiles amparados
en la oscuridad de la noche y en los matorrales; las gallinas
y los polluelos de oro, haciendo ostentación de su
áureo plumaje, tientan a algún que otro incauto
codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas
sueñan y adivinan quién será el galán
que las despose; las plantas venenosas pierden su dañina
propiedad y, en cambio, las salutíferas centuplican
sus virtudes; los tesoros se remueven en las entrañas
de la Tierra y las losas que los ocultan dejan al descubierto
parte del mismo para que algún pobre mortal deje
de ser, al menos, pobre; el rocío cura ciento y una
enfermedades y además hace más hermoso y joven
a quien se embadurne todo el cuerpo; los helechos florecen
al dar las doce campanadas...
En definitiva, la atmósfera se carga
de un aliento sobrenatural que impregna cada lugar mágico
del planeta y es el momento propicio para sentir escalofríos,
estremecernos, ilusionarnos, alucinarnos y narrar a nuestros
hijos, nietos o amigos toda clase de cuentos, anécdotas
y chascarrillos sanjuaneros que nos sepamos.
¿POR QUÉ SAN
JUAN BAUTISTA?
San Lucas narra en su Evangelio, que María,
en los días siguientes a la Anunciación, fue
a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba
en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil
fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes de las
candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo.
Desde entonces se señaló esta noche como la
de San Juan, muy próxima al solsticio de verano que
ha heredado una serie de prácticas, ritos, tradiciones
y costumbres cuyos orígenes son inmemoriales en toda
Europa y se han extendido por muchos pueblos de América.
Lo paradójico del asunto es que el 24 de junio se
celebra la fecha del nacimiento de San Juan el Bautista,
que en realidad no debería festejarse porque el dies
natalis de los santos siempre fue el de la muerte.
En el Evangelio de San Lucas se cuenta que su padre, el
sacerdote Zacarías, había perdido la voz por
dudar de que su mujer, Isabel, estuviera en cinta. Sin embargo
en el momento de nacer San Juan la recuperó milagrosamente,
como se lo había predicho el ángel Gabriel.
Rebosante de alegría, la tradición
religiosa dice que encendió hogueras para anunciar
a parientes y amigos la noticia. Cuando siglos después
se cristianizó esta fiesta, la noche del 23 al 24
de junio se convirtió en una noche santa y sagrada,
sin abandonar por eso su aura mágica
SOLSTICIO DE VERANO Y DE
INVIERNO
Hay dos momentos del año en los
que la distancia angular del Sol al ecuador celeste de la
Tierra es máxima. Son los llamados solsticios. El
de verano es el gran momento del curso solar y -a partir
de ese punto- comienza a declinar. Antes de cristianizarse
esta fiesta, los pueblos de Europa encendían hogueras
en sus campos para ayudar al Sol en un acto simbólico
con la finalidad de que "no perdiera fuerzas".
En su conciencia interna sabían que el fuego destruye
lo malo y lo dañino. Posteriormente, el hombre seguía
destruyendo los hechizos con fuego.
Se ha asociado esta festividad al solsticio
de verano, pero esto tan solo es cierto para la mitad del
mundo o, mejor dicho, para los habitantes que viven por
encima del ecuador (en el hemisferio norte) ya que para
los del sur el solsticio es el de invierno y si me apuran,
ni tan siquiera para todos ellos pues esto de San Juan,
al menos con este nombre, es patrimonio del mundo cristiano.
Aunque no crean que en los países orientales, con
ritos y creencias distintas, no se celebran estas fiestas
(eso sí, con otros nombres a cual más variopinto)
conservando en todas ellas la misma esencia: rendir un homenaje
al Sol, que en ese día tiene un especial protagonismo:
en el hemisferio norte es el días más largo
y, por consiguiente, el poder de las tinieblas tiene su
reinado más corto y en el hemisferio sur ocurre todo
lo contrario. En cualquier caso al Sol se le ayuda para
que no decrezca y mantenga todo su vigor.
Este simbolismo era compartido por pueblos
distantes, separados por el océano Atlántico.
Es el caso de los viejos incas en Perú. Los dos festivales
primordiales del mundo incaico eran el Capac-Raymi (o Año
Nuevo) que tenía lugar en diciembre y el que se celebraba
cada 24 de junio, el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) en
la impresionante explanada de Sacsahuamán, muy cerca
de Cuzco. Justo en el momento de la salida del astro rey,
el inca elevaba los brazos y exclamaba: "¡Oh,
mi Sol! ¡Oh, mi Sol! Envíanos tu calor, que
el frío desaparezca. ¡Oh, mi Sol!"
Este gran festival se sigue practicando
y representando hoy en día para conmemorar la llegada
del solsticio de invierno, con un claro tufillo turístico.
Los habitantes de la zona se engalanan con sus mejores prendas
al estilo de sus antepasados quechuas y recrean el rito
inca tal y como se realizaba (más o menos) durante
el apogeo del Tahuantinsuyo.
ORÍGENES PAGANOS
Ni que decir tiene que esta fiesta solsticial
es muy anterior a la religión católica o mahometana.
E incluso, dentro de las distintas prácticas religiosas,
no se ha celebrado en la misma fecha.
Uno de los antecedentes que se puede buscar
a esta festividad es la celebración celta del Beltaine,
que se realizaba el primero de mayo. El nombre significaba
"fuego de Bel" o "bello fuego" y era
un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine
se encendían hogueras que eran coronadas por los
más arriesgados con largas pértigas. Después
los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas
para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades. A
la vez, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero
y no dudaban en sacrificar algún animal para que
sus plegarias fueran mejor atendidas.
Otra de las raíces de tan singular
noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas
al dios Apolo, que se celebraban en el solsticio de verano
encendiendo grandes hogueras de carácter purificador.
Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra
Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre
de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían
propiedades medicinales a la hierbas recogidas en aquellos
días.
Es curioso que entre los beréberes
de África del norte (Marruecos y Argelia) se enciendan
el 24 de junio, durante la fiesta llamada Ansara, hogueras
que producen un denso humo considerado protector de los
campos cultivados. A través del fuego se hacen pasar
entonces los objetos y utensilios más importantes
del hogar. Los beréberes las encienden en patios,
caminos, campos y encrucijadas y queman plantas aromáticas.
Prácticamente ahuman todo, incluso
los huertos y las mieses. Saltan siete veces sobre las brasas,
pasean las ramas encendidas por el interior de las casas
y hasta las acercan a los enfermos para purificar e inmunizar
el entorno de todos los males.
Lo cierto es que esta costumbre beréber
de celebrar el solsticio es preislámica porque se
basa en el calendario solar, mientras que el musulmán
es lunar.
El cristianismo fue experto en reciclar
viejos cultos paganos. Lo que antaño se hizo en Baños
de Cerrato (a unos cuantos kilómetros de Palencia)
es uno de los muchos ejemplos que se pueden esgrimir al
respecto. Ya en época romana existían en esta
localidad unas fuentes o baños consagrados a las
ninfas (hasta el punto de encontrarse un altar dedicado
a ellas) cuyas aguas tenían propiedades curativas.
El rey godo de Toledo, Recesvinto (siglo VII), llegó
hasta aquí y gracias a sus aguas se curó de
una enfermedad. Como por entonces ya se había convertido
al cristianismo, mandó erigir un templo en acción
de gracias y se buscó como patrono a un santo que
tuviera algo que ver con las aguas, y todas las papeletas
las tenía San Juan Bautista. Este es el origen da
la famosa basílica visigótica de San Juan
de Baños, en cuyo recinto se celebra la "misa
en rito hispano-visigótico-mozárabe",
el domingo más cercano a San Juan, declarada de interés
turístico.
SÚBITAS APARICIONES Y DESAPARICIONES
En algunas leyendas piadosas, hasta los
santos aprovechan la víspera de este día para
trasladarse milagrosamente a otra parte. Es el caso de "Santa
Trahamunda", una santa gallega de mirada melancólica,
cuya imagen se puede ver en el Monasterio de Poio (Pontevedra)
al lado de su supuesto sepulcro visigodo. Tiene una bonita
historia de traslación milagrosa la víspera
del día de San Juan, desde las mazmorras árabes
de Córdoba a su monasterio.
Fuera de estas leyendas piadosas tan alejadas
en el tiempo y en el espacio, y volviendo a nuestro mundo
terrenal, encontramos otros casos de desapariciones bastante
enigmáticas. En una de ellas un vecino de Collbató,
cerca de Montserrat (Barcelona), desapareció en la
noche de Sant Joan de 1975 cuando volvía de apagar
un incendio forestal junto con unos amigos. Se hallaba en
terrenos propiedad de Can Rogent, zona llana, fácil
de andar y en la que es difícil extraviarse. No obstante,
nunca más se supo de él, ni vivo ni muerto.
Puestos a hablar de desapariciones misteriosas,
es preciso referirse a un curioso personaje cántabro
llamado Francisco de la Vega Casar, más conocido
como "el hombre-pez de Liérganes" (localidad
donde hay un monumento en su memoria). Nació en 1628
y su temprana habilidad para la natación le sirvió
para ser considerado el primer nadador de largas distancias
de la Historia de España. Al parecer, tenía
una extraña afección en la piel que le daba
un aspecto escamado, razón por la cual sus paisanos,
asombrados tanto por su aspecto como por su capacidad para
nadar, le dieron el apodo de "el sireno" y extendieron
el rumor de que era una especie de tritón.
Enviado por su padre a Bilbao para que
aprendiese el oficio de carpintero, desapareció misteriosamente
en la ría en la víspera de San Juan de 1673.
Seis años después, en 1679, reapareció
en la bahía de Cádiz cubierto de escamas y
habiendo perdido la razón y el habla. Al regresar
a su tierra vivió nueve años de modo extravagante,
siempre iba descalzo y de vez en cuando pronunciaba las
palabras "tabaco", "pan" y "vino".
Se le tuvo por loco hasta que un día desapareció
de nuevo en el mar sin dejar rastro y esta vez para siempre.
FUENTES:
· Fuente: Jesús Callejo -
|