Tai Chi
Tai Chi Chuan se asemeja a una pacífica y encantadora danza de equilibrio, pero es en realidad un arte marcial. La antigua tradición de la China lo define bellamente como el arte de ocultar la dureza dentro de la suavidad, como una aguja envuelta en algodón.
También se
la ha definido como meditación en movimiento, aunque
deberíamos dejar en claro qué es lo que se
entiende por meditación. En general, los orientales
ponen bajo ese rótulo algo muy distinto de lo que
para el occidental es meditar. Mientras para éste
meditar significa pensar, hacer un esfuerzo intelectual,
para Oriente la meditación busca callar la actividad
de la mente a fin de que surja otro tipo de sabiduría,
más esencial e intuitiva.
El trabajo del Tai
Chi Chuan está dirigido al desarrollo de la energía
interior, en este caso mediante la suavidad unida a la intención.
En todo caso, para el occidental esta práctica es
considerada como una gimnasia para la salud, entendiendo
ésta última de un modo holístico, integral.
Para las culturas
orientales, el cuerpo físico convive con otra estructura
que, si bien es material, está constituida de una
materia mucho más sutil. Representa una realidad
indiscutible que la energía vital universal, de naturaleza
permanente e infinita, es quien mueve y sostiene todo lo
viviente. Ella circula por nuestro cuerpo a través
de lo que los chinos llaman meridianos o el Yoga denomina
nadis (canales). Su obstrucción causa desequilibrio
y enfermedad.
Esa energía
es llamada de diferentes maneras. Para los japoneses es
Ki. Para los hindúes es Prana, cuyos movimientos
en el cuerpo tratan de controlar los yoguis a través
de la ciencia de la respiración, Pranayama. Para
los chinos, se llama Chi, y comparte en líneas generales
las características que le atribuyen los pueblos
anteriores.
Todos ellos aseguran que
esta energía, de naturaleza inteligente, tiene la
propiedad de sanar el cuerpo y purificar la mente. El Tai
Chi Chuan no es una excepción.
FUENTES:
· personales.ya.com
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