
Libelula
Una
libélula de silicio que mide 6 centímetros
y que sólo pesa 120 miligramos es el último
proyecto de la empresa especializada en miniaturización
SilMach. Basado en nanomúsculos, el proyecto se propone
desarrollar un sistema de nanosistemas inspirado en la biología.
El principal escollo con el que se encuentra el proyecto
es la creación de una batería lo suficientemente
potente y ligera como para que el insecto artificial pueda
mover sus alas. Aunque se trata de una investigación
exploratoria, de alcanzar resultados las principales aplicaciones
serán militares, ya que este avión no tripulado
es insensible a la contaminación e invulnerable a
las armas convencionales, toda una innovación en
términos de discreción tanto acústica
como óptica. Por Yaiza Martínez.
La empresa Silicon Machinery
(SilMach), del laboratorio Femto-st de Besançon,
en Francia, ha puesto en marcha un proyecto cuyo objetivo
es construir y hacer volar una diminuta máquina que
parece una libélula. Este robot en miniatura batirá
sus cuatro alas gracias a un innovador sistema.
La libélula
tendrá un tamaño de sólo 6 centímetros,
estará fabricada con silicio y pesará 120
miligramos: 18 miligramos la estructura mecánica
pasiva, 2 miligramos el sistema de propulsión del
batimiento de alas y los 100 miligramos restantes de unas
microbacterias denominadas MEMS (Micro Electro Mechanical
Systems o sistemas mecánicos microelectrónicos)
que se colocarán en las alas, a modo de nanomúsculos.
MEMS es un sistema
que consiste en la integración de elementos mecánicos,
operadores y electrónicos, así como de sensores,
en un sustrato de silicio, mediante tecnología de
microfabricación. Los componentes micromecánicos
se acoplan al silicio gracias a procesos “micromecanizados”,
que sitúan selectivamente los elementos en la superficie
o que añaden a ésta nuevas capas estructurales.
MEMS es una tecnología
destinada a permitir el desarrollo de productos inteligentes
y a aumentar la capacidad computacional de la microelectrónica,
puesto que posibilita un mayor control de los microsensores
y de los microoperadores.
Nanomúsculos artificiales
El proyecto de la
libélula micromecánica de SilMach propone
distribuir la energía necesaria para el vuelo por
toda la superficie de las alas, en lugar de emplear un único
motor situado en la base del diminuto robot. El sistema
mecánico distribuido integrará 180.000 nanomúsculos
artificiales de 9 nanogramos que se situarán en las
alas, y que permitirá desarrollar una potencia mecánica
útil de 80 MW.
El funcionamiento
es sencillo: los músculos (situados en las láminas
elásticas de las alas y en sus extremidades) se inclinan,
se contraen y se estiran en función de la tensión
eléctrica (de entre 100 y 150 voltios). Desde sus
puntos de anclaje se genera la flexión, a varias
decenas de pulsaciones por segundo, de las alas. La amplitud
del batimiento de éstas alcanza los 40º, al
igual que el modelo animal.
Uno de los desafíos
tecnológicos pendientes es hallar la micro-fuente
energética necesaria para hacer volar a la libélula.
Un insecto volador quema sus grasas animales, lo que le
da una capacidad energética cercana a los 50.000
julios/g (un julio es el esfuerzo que se debe realizar para
producir un vatio por segundo). Las mejores baterías
de litio actuales no producen más de 360 julios/g.
El desarrollo de una batería en miniatura y ultraligera
es una tarea difícil, que tendrán que llevar
a cabo los investigadores del CEA francés, al igual
que las microbacterias MEMS.
En lo que se refiere
al peso de los motores, en la actualidad el motor electromagnético
más pequeño comercializado pesa 91 miligramos,
y aunque cuente con una transmisión de potencia auxiliar,
no desarrolla más de 0,5 W/g. Por lo tanto, llevará
cierto tiempo poder ver volar a la libélula electrónica.
Sin embargo los avances que se vayan consiguiendo en el
sistema, cualesquiera que sean, abrirán nuevas posibilidades
en el sector de la miniaturización.
Además de
esta fuente de energía minaturizada, este pequeño
robot deberá integrar asimismo sensores, emisores
de información y un cerebro para coordinar sus movimientos,
antes de estar operativa.
En 2004, el primer
prototipo operativo creado por SilMach puso en evidencia
que esta nueva fórmula de transducción (transformación
del efecto de una causa física como presión
o temperatura- en señales eléctricas) es 100
veces más eficaz que las fórmulas de transducción
de energía electromagnética actuales.
Ingenio militar sin precedentes
Tal como explica
al respecto el Ministerio de Defensa, esta libélula
artificial ha sido encargada por el ejército francés.
Una de sus aplicaciones sería sobrevolar territorios
sin ser percibida para transimitir información estratégica
a los sistemas de defensa del país.
En realidad se trata
de un minúsculo avión no tripulado que es
insensible a la contaminación y a las armas convencionales,
aunque se le podría destruir de un manotazo. Un ingenio
militar sin precedentes en términos de discreción
tanto óptica como acústica.
Sus artífices
hablan de una ruptura tecnológica como la que supuso
el Concorde en su época. En realidad, se trata de
crear un sistema de nanosistemas inspirado en la biología,
si bien las aspiraciones de equiparar esta tecnología
con un sistema vivo son bastante modestas: un insecto tiene
una capacidad energética parecida a la de la gasolina,
mientras que lo que se alcanza con las actuales baterías
de litio está muy por debajo de esta proeza biológica.
FUENTES:
· http://www.tendencias21.net
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